ENTREGA DE LA MEDALLA PRO ECCLESIA MALACITANA

El pasado sábado, la Parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación vivió una de esas jornadas que se guardan para siempre en la memoria del corazón. Nuestra vecina, Doña María del Pilar Bootello García, recibió la Medalla Pro Ecclesia Malacitana rodeada del cariño de su familia, amigos y de todo el pueblo de Álora.

 

La Santa Misa estuvo presidida por el Arzobispo Emérito de Pamplona y Tudela, Don Francisco Pérez González, quien fue el encargado de entregar esta merecida distinción diocesana. Junto a él, nuestro párroco Don Felipe Manuel Gallego Casco y la comunidad parroquial arroparon a Doña Pilar en una Eucaristía marcada por la emoción, el respeto y la acción de gracias. El acto contó, además, con una concelebración hermosísima y llena de significado: la de los propios hijos de la homenajeada, los sacerdotes Don Leandro y Don Antonio Jesús Carrasco Bootello, quienes acompañaron a su madre desde el altar en este momento tan señalado.

 

Uno de los momentos más conmovedores de la tarde tuvo lugar al finalizar la celebración, cuando la homenajeada dirigió unas palabras llenas de humildad y lucidez a todos los presentes. En su discurso, Doña Pilar recordó sus inicios en la fe en esta misma parroquia, donde fue bautizada en 1937, y quiso compartir el reconocimiento con quienes la precedieron, expresando con el corazón desbordado: «Al recibir esta medalla, no pienso en méritos, sino en los rostros de tantas personas que me han acompañado en estos 89 años de fe. Si hoy estoy aquí, es porque otros sembraron antes que yo». Tuvo palabras de profundo agradecimiento para sus tías Ana y Lola, para la señorita Laura Aguirre —quienes moldearon su espíritu de servicio—, así como para Don Felipe y todos los sacerdotes que han pasado por el templo.

 

Doña Pilar definió su trayectoria entre los muros de la parroquia como «un regalo compartido», destacando además el pilar fundamental que ha sido su familia en este camino. Con orgullo y gran emoción, dio gracias por su esposo y sus cuatro hijos: uno de ellos en el cielo cuidando de la familia; dos de ellos compartiendo el ministerio sagrado y hoy en el altar sirviendo como sacerdotes, lo que describió como una de las mayores bendiciones que una madre puede recibir; y su cuarto hijo que, junto a su nuera, le ha regalado tres nietos. A sus nietos, presentes en el acto, les dejó un legado imborrable: «No hay mayor tesoro que la fe. Espero que este reconocimiento sirva para que ellos también amen a esta parroquia y a Dios como yo los he amado».

 

A sus 89 años, Doña Pilar demostró que el amor a la Iglesia no se jubila: «Aunque las fuerzas a veces flaqueen, mi corazón sigue aquí, atento a las necesidades de mi Iglesia», concluyó, citando a San Juan de la Cruz para recordar que al final de la vida nos examinarán en el amor.

 

Desde la Parroquia de la Encarnación queremos reiterar nuestra más sincera enhorabuena a Doña Pilar y a toda su familia. Su vida, gastada en el servicio callado y fiel, sigue siendo un faro y un ejemplo constante para todas las generaciones de Álora. ¡Gracias por tanto, Pilar! Que el Señor te siga bendiciendo.