RECITAL DE POESÍA MARIANA EN EL SANTUARIO DE FLORES

Por iniciativo de la Parroquia de la Encarnación  y de la Hermandad de Nuestra Señora de Flores, se ha culminado todo un mes de mayo de devocion mariana en el santuario de Flores con  un recital de poesía mariana, que se realízó después de la celebración de la eucaristía.

 En el acto internivieron Tomás Salas, Carmen Mora y María Carvajal.

 El primero comenzó explicando cómo la belleza, y el arte como forma privilegiada de la misma, puede ser un camino para acercarnos a Dios. Dentro de la poesía, la dedicada a la Virgen, la poesía mariana, tiene una singular importancia en la historia de la literatura española. El tema entrañable de la Virgen, siempre unido al tema de la maternidad, recorre nuestra literatura desdel la época medieval, con  Berceo y las Cantigas de Alfonso X,  hasta los poetas contemporáneos.

 Se leyó una selección de poemas que, a pesar de su brevedad, intentó ser representatitiva de toda una larga tradición que llega a la actualidad.

 Para terminar  los participantes dieron a conocer poemas marianos propios, todos ellos inéditos.

 Los reproducimos a  continuación:

 

 Quién tuviera atrevimiento

 ¿Quién tuviera atrevimiento

para tal cosas pensar?

¿Sabes tú, Virgen María,

la enorme grandeza tuya?

Es seguro que lo sabes,

pero en verdad, ¿lo sabías?

Cuando eras una niña

y te consagraste un día

para vivir en el Templo…

eras tan dulce  y sencilla,

tan débil y tan pequeña…

Ni soñando soñarías,

amando tanto al Señor,

que Tú su madre serías,

dándole tu vida a Dios.

Tal grandeza en una niña,

tan humilde, tan sencilla,

no puede pensarse, no.

¿Quién tuviera atrevimiento

para tal cosa pensar?

Y menos la Virgen, siendo

an pura y tan sin par.

 

Carmen Mora

 

 A nuestra Virgen de Flores

 Quiero, Madre, levantarte un templo
en lo más hondo de mi alma enamorada
y allá, en la dulce cumbre del secreto,
perderme toda en tu amor enarbolada.

Y contarte la historia de mi vida
una y mil veces, entre amargo llanto,
y esperar a que Tú, compadecida,
mis ojos seques con tu dulce manto.

Y apoyarme en tu seno tiernamente,
besar tus manos y decirte amores
y sentir que me miras dulcemente,
y hablarte de espinas y dolores.

Y mostrarte apenada la ancha herida
que en mi pecho causaron frustraciones
y sentirme por ti fortalecida,
ahuyentando de mí vanos temores.

Y mirarme en tus ojos peregrinos,
más bellos que la luz de la alborada,
y escuchar de tus labios purpurinos
tus palabras que son el maná del alma.

Y bajo tu dulce mirada de amor
decirte: mi madre, mi luz, mi embeleso…

 

María Carvajal

 

 María

 Señora de los humildes,

Corazón repleto de silencios sabios,

Torre de los olvidados,

Arca de los silenciosos,

Espejo de la paciencia,

Misterio de la ternura,

Sabor del pan caliente,

Olor a leche materna,

blanda Mano encallecida,

Voz dulce del susurro,

oriéntanos en este mundo lleno de símbolos falsos,

llévanos de tu mano como a niños perdidos,

acógenos en tu gigante corazón materno.

 

Tomás Salas